5 oct 2010

El favor que me hicieron este sábado



Ricardo Gutman

Le dije al Tete lo que se perdió. Me dijo que te diga, Verónica, que te pedía mil disculpas. A esta altura ya el te las habrá pedido. Juro que tenía pensado hacerles este extenso comentario ese mismo domingo, lo más profesional posible pero me llegó el Pato desde Barcelona y me quedé con el amigo que hace mucho tiempo no veo. Yo sé que ustedes sabrán comprender. Ya hice la crónica de rigor, como verán, pero necesitaba hacerles este agradecimiento.

Hacía mucho tiempo que no la pasaba tan bien. Debo felicitarlos, a todos, porque estuvo muy lindo. Nada del otro mundo, debo ser sincero, nada que no se haya hecho antes, nada de espectacularidad y snobismo, todo bien simple pero lindo. Lindo porque estaba todo ahí, vieron, latente, y nadie había tomado la responsabilidad de coordinarlo. Todos conocemos lo que hacen pero pocos se ponen las cosas al hombro y logran lo que lograron el sábado. Me sacaron de la modorra de todos los días. Me hicieron muy bien. Todos ustedes. Hay que repetirlo.
Era imposible que faltase, ya Nelva me había alertado bien tempranito en la semana, en el gremio, del evento. Después me encontró la Vero y me volvió a avisar, así que se volvió complicado que me olvide. Porque me olvido de todo últimamente. María Alejandra me dice que no es casual, que no me haga tanto problema, que me olvido de las cosas que no me importan y de las que me tengo que acordar me acuerdo. Como lo del sábado. Tiene un poco de razón pero creo que debo ir al bioquímico.
La gente suele darme entidad para cosas que no entiendo, cree que puedo hablar de ciertas cosas en las que me considero un ignorante. María Esther me encaró primera al preguntarme que le parecían sus cuadros. No me gustan esas cosas, más que nada porque me sé carente de herramientas para analizar todo arte que no contenga letras. No puedo leer un cuadro. Me dijo que le dijera mis impresiones. Le dije que me parecían medio bucólicas, medio Virgilio y que un cuadro de ella que tenía flores amarillas me gustaba mucho. Hoy entiendo que debía haberle dicho más, que debería haberle dicho que ese amarillo de las flores parecía querer salir del cuadro y pintar la sala de tanta fuerza que tenía. Pero eso lo veo hoy.
Si un cuadro puede decir algo del que lo pinta puedo decir algunas cosas. Que a la señora de Verney le encanta el agua y los ríos y las lagunas, que a la señora de Rojas le encantan los ocasos y los atardeceres y que Isabel Moraz tiene que pintar acciones. Un cuadro de ella era un hombre con la cabeza dentro de un hoyo en la tierra. Alguien dijo algo de un ñandú. Yo no dije nada pero me imaginé que ese tipo estaba mirando por atrás del cuadro o que en realidad lo importante del cuadro es lo que no está pintado, es decir, lo que está adentro del hoyo que nadie ve. O quizás simplemente lo decapitaron y cayó sin cabeza justo en un hoyo en medio de la tierra. Todo puede ser.
Después vinieron ustedes, Verónica, Ángel y Nilda, y los tuve que ver desde el trasluz rojizo de una tela que hacía de ventana porque Elina me retó y me tuve que correr porque tapaba la visión de los demás. No esperaba menos de ustedes, me saco el sombrero. El que me sorprendió fue Rodolfo, que no sabía que cantaba y menos que menos tan bien. Sabe elegir repertorios y tiene una muy buena voz. Le dije al Tete de la actuación de Rodolfo y me dijo que tenemos que grabarlo así que ya saben, cuando nos volvamos a juntar para grabar cuentos que se lleve la guitarra. En ese ínterin también saqué una fotos a un cuadro que caminaba por la exposición y comprobé que tengo muy buen gusto pero que soy un mal fotógrafo, menos mal que estaba Ivana con la cámara y ahora puedo adjuntar algo en esta crónica que intuyo ya va terminando.
Les vuelvo a agradecer a todos el buen momento que me hicieron pasar. Ahora me toca a mí pero para más adelante, después del 13 de noviembre, organizar el café literario que todavía no tiene tema aunque pienso desestructurarlo un poco como buen ratón de biblioteca que soy. Las multitudes no se agolparán a las puertas de la Biblioteca para leer poesías y cuentos pero se que ustedes estarán allí. Espero que Rodolfo vaya con la guitarra y si puede con los títeres, sólo es cuestión de coordinar agenda. Aspiro a que sea un buen momento y devolverles de esa manera el favor que me hicieron este sábado. Muchas gracias a todos y salud a la cofradía.