12 ago 2010

Conducta en los congresos

Ricardo Gutman

Creo que en un post de hace un tiempo me explayé sobre algo parecido y como estamos cerca de la realización del sexto Congreso de la Creatividad en Ciencia y Tecnología Juvenil  creo cuanto menos un deber escribir sobre la conducta en los congresos.
La vorágine de la vida actual lleva a tomar todo como un espectáculo, banalizando cualquier cosa. Se ha tomado tan en serio esa práctica norteamericana de hacer de todo un show que nos parece aburrido cualquier cosa importante que no tenga al menos algo que llame la atención . Es que hay cosas que son importantes por el mismo hecho de llevarlas a cabo pero siempre parece que hay buscar una veta que entretenga al espectador sino no hay éxito ni repercusión posible.
Ejemplo burdo si se quiere, para ejemplificar esto que trato decir se me vienen a la mente las presentaciones de Chicago Bulls de local durante el reinado de Jordan, apoteóticas si se quiere, fabulosas, haciendo crecer día a día, partido a partido, el mito de Air pero, en definitiva, no eran nada más que la previa a un partido de básquet. Absolutamente innecesarias. Claro, usted me dirá que toda esa parafernalia está hecha para amedrentar el rival, está destinada a producir un efecto de derrumbe psicológico en el contrincante y se lo puedo aceptar pero enfrente está Miguelito, con el solo hecho de pagar la entrada para ver a ese monstruo en acción ya está bien paga. Sólo hacía la diferencia y si no pregúntenle a John Stark que sintió el día que tuvo que defenderlo en pleno Madison Square Garden y MJ le clavó 45 puntos. Eso que jugaba de visitante.

El show y toda la parafernalia no hacían falta porque MJ te producía todo ese derrumbe buscado pero toda esa pompa le brindaba cierta magia al ambiente y uno creía, por lo menos a la edad en la que vi jugar a Jordan, que era absolutamente necesario que existiese. Te desvía la atención. Y nos acostumbramos a todo eso. Algo tiene que llamarnos la atención para concurrir sino no tienen onda. Y nos comportamos de acuerdo al contexto.
Pero volviendo al tema que nos convoca, tratando de resumir, un congreso es un espacio donde la gente va a escuchar y a aprender. Se supone desde el vamos que el que va a exponer tiene cierto calibre intelectual que hace que esté allí y no en otro lugar. La persona que asiste a un congreso es un asistente, no un espectador, y se supone que va allí no desde una posición pasiva sino más bien proactiva. Una exposición nunca queda completa si no se repreguntan ciertas cosas que no han sido entendidas y para eso está el asistente que, de acuerdo a su competencia, puede ahondar sobre el tema o plantear una tangente que en el mejor de los casos genere un debate.
Lo expuesto nunca es un caso aislado sino más bien un proceso no exento de su contexto que lleva a una conclusión que en su momento será puesta a prueba y validada. Para llegar adonde se llegó fueron necesarios ciertos pasos, ciertos procesos, que lo configuran como hecho histórico. En un congreso no se entretiene a la gente, se la educa. Pero la predisposición del asistente es primordial, sino la exposición puede pasar sin pena ni gloria y en ese momento y en ese lugar no habrá sido valorada por lo que es.
Fue hace unos dos o tres años creo. Asistimos con mi curso de 2º del Profesorado de EGB al Congreso de la Creatividad con la profesora de Seminario de atención a la diversidad. La actividad era conocer el proceso de desarrollo de una escuela bilingüe de la comunidad mocoví de Recreo y como eso repercutió en la misma comunidad.
Sin temor a exagerar, la experiencia de conocer esta realidad fue buenísima. La alfabetización en las dos lenguas, la construcción de un diccionario propio, la recuperación de la lingüística y el papel del docente mocoví en la educación fueron experiencias sin desperdicio. Conocer una realidad que no estaba a mi alcance hizo que no sólo asistiese sino que me interese. Pero en definitiva no fue eso lo que más me llamó la atención sino algo que pasó después, casi en el final de la charla.
Como a manera de cierre, la delegación presentaba una grabación del coro mocoví. Pusieron el CD y todos comenzamos a escuchar la canción. Ninguno de los asistentes conocía el lenguaje, pero siempre es una buena experiencia para tratar de entender, a grandes rasgos y dentro de lo posible, que tipo de lengua es, como se estructura, como se busca la rima y por donde viene eso que yo llamo musicalidad, cosa que le sobraba a la canción que giraba en el CD. Recuerdo que me pareció que las rimas terminaban casi siempre en una a muy acentuada y también recuerdo haber tenido la sensación de que era una lengua muy vocálica. A mitad de la canción me doy vuelta y le digo a mi vecina de silla que una vez que terminase la canción todos iban a aplaudir. Mi vecina me contestó que eso no iba a pasar.
Cuando estalló el aplauso fue espantoso. Demasiado violento. No había ninguna necesidad de hacerlo. Fue como decir “que bien los indios, armaron un coro y grabaron un CD”. Fue horrible. Si hubiesen preguntado después la cosa hubiese sido diferente pero no así. Fue un aplauso despectivo, innecesario. La comunidad mocoví no necesita de un aplauso para afirmarse en sus raíces. Vinieron a mostrar lo que hicieron. A mostrarte a vos que están trabajando sin pensar en tu aplauso, en tu reconocimiento, quieren tu comprensión, que vos entiendas lo difícil que es armar la cosa si vos, como representante de un grupo cultural, sos el que constantemente pone trabas a la integración de la comunidad e impone su cultura, que vos no te integrás a la comunidad y que ellos hacen lo posible para integrarse sin perder su bagaje. Pero vos te quedaste en la canción; como si fuese un recital. Para eso sirven los congresos. Para compartir y aprender. Por eso no aplaudas por aplaudir, mejor pregunta, que hace mejor.